La caja que el jabón siempre mereció

La caja que el jabón siempre mereció

Corazon De Maria Polanco

Hay productos que desde el primer día saben lo que son. El jabón corporal de Decora siempre fue uno de esos — base de leche de cabra, fragancia limpia, una textura que habla sola. Desde que llegó a las tiendas, la gente lo encontraba, lo olía y no lo soltaba.

El problema nunca fue el jabón. Fue la caja.

Primero fue blanca, genérica, con un sticker encima. Hacía su trabajo, pero con el tiempo en tienda empezaba a mostrar el desgaste — y aunque el producto adentro estuviera impecable, la primera impresión ya no era la misma. Luego vino una caja negra, más elegante, más versátil, pensada también para quienes buscan algo que no grite floral desde el anaquel. Tampoco estaba mal. Pero seguía sintiendo que algo faltaba. Que el empaque no estaba a la altura de lo que había adentro.

Esa sensación duró un tiempo. No porque no supiéramos qué queríamos — la imagen estaba clarísima — sino porque hacer eso bien tiene un costo. Primero el diseño, luego el render para ver que todo cuajara, luego la producción en cantidad suficiente para que el precio tuviera sentido. Y como manejamos varios aromas, el sueño original de una caja distinta por fragancia tuvo que ceder ante la realidad: había que encontrar algo ingenioso que funcionara para toda la línea sin perder el carácter.

La solución llegó con una lista de fragancias integrada al diseño — elegante, práctica, honesta. El cliente marca su aroma y la caja sigue siendo una sola pieza coherente. Los últimos ajustes los hicimos a mano, con calma, hasta que cuajó.

El resultado está en tienda. Y el jabón, que siempre fue uno de los más queridos, ahora también lo parece desde afuera. Las ventas lo dicen — la producción se ha tenido que duplicar.

A veces lo que cambia todo no es el producto. Es darle el empaque que siempre mereció.

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